Entrenamiento Cerebral: Los efectos de la meditación en el cerebro

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Lesli Weber, estudiante de Darma de Spokane, informa sobre la fascinante investigación que realizó acerca de los efectos que tiene la meditación en el cerebro.

Pregúntale a casi cualquier atleta y te dirá todo sobre el tema, incluso si no lo ha experimentado en carne propia, hablo de la sensación que describen algunos como euforia, conocida como la “euforia del corredor”. Cuando una persona se ejercita con bastante intensidad durante un período de tiempo suficiente, por lo regular se empieza a sentir feliz, incluso llena de gozo, a pesar del cansancio de sus músculos o de que tenga ampollas en los pies. Cuando la ciencia médica desarrolló tecnología suficientemente avanzada, los investigadores pudieron confirmar y explicar el fenómeno de la euforia del corredor. Resulta que la elevación del estado de ánimo que los atletas reportan, proviene de “un desbordamiento de endorfinas en el cerebro” (Kolata, par. 8) como respuesta al estímulo físico del ejercicio. (Las endorfinas son la versión natural de tu cuerpo de los opiáceos, hacen que el dueño de ese cerebro inundado con endorfinas se sienta muy bien, en serio). Entonces, queda claro que el entrenamiento físico tiene un marcado efecto sobre el cerebro que, a su vez, influye en el estado mental de la persona. Ahora, la pregunta intrigante es: ¿Esto trabaja al revés? Es decir, ¿el entrenamiento mental, mejor conocido como meditación, afecta al cerebro físico?

La ciencia moderna nos dice que la meditación sí hace eso, de hecho, tiene muchos efectos sobre el cerebro físico. Y no cualquier tipo de efectos; la meditación produce cambios muy beneficiosos en el cerebro humano. Los científicos han observado tanto efectos de corto plazo como de largo plazo en el funcionamiento y estructura del cerebro, los cuales comprenden desde la disminución del estrés, hasta que el deterioro relacionado con el envejecimiento sea más lento. Es muy emocionante, la ciencia apenas está empezando a observar los efectos de la meditación en el cerebro y ya han aparecido montañas de información sobre sus beneficios.

A man wearing a brain cap with alot of wires attached to it.

Se encontró que el funcionamiento del cerebro durante la meditación difiere del funcionamiento típico no meditativo el cual pasamos la mayor parte de nuestras horas de vigilia. (Photo by Merrill College of Journalism Press Releases)

Lo que se ha descubierto, comienza con los efectos a corto plazo de la meditación sobre el funcionamiento del cerebro. La actividad del cerebro se mide, principalmente, por medio de ondas cerebrales que son los cambios eléctricos que utilizan las células cerebrales (neuronas) para comunicarse entre ellas. Las ondas del cerebro que están en distintas frecuencias, indican diferentes funciones neuronales, tal como las mide un electroencefalograma (EEG). Además, el cerebro está dividido en varias partes y regiones que son responsables de llevar a cabo funciones específicas. La actividad de las ondas cerebrales de determinadas frecuencias en zonas específicas del cerebro, pueden decirles a los científicos mucho sobre lo que ocurre dentro del cerebro y cuál será el resultado o percepción de dicha actividad en el dueño del cerebro. En un estudio que dirigió el neurólogo Richard Davidson de la Universidad de Wisconsin, Madison, se encontró que el funcionamiento del cerebro durante la meditación discrepaba del funcionamiento no-meditativo típico en el que transcurre la mayor parte del tiempo mientras estamos despiertos. Durante la meditación, “la actividad en la corteza prefrontal izquierda (el asiento de las emociones positivas como la felicidad) llenó de actividad a la corteza prefrontal derecha (lugar de las emociones negativas y de la ansiedad)” (Begley, par. 12). En términos comunes, al acto de meditar hizo que los participantes del estudio se sintieran sensiblemente más felices. Esta actividad cortical incrementada sugiere que la meditación “parece ayudar a que se regulen las emociones” (Cullen, par. 7), posiblemente por medio del aumento en la fuerza de las conexiones neuronales que son responsables de los sentimientos de bienestar por medio del uso frecuente de esas conexiones, específicamente durante la meditación. Davidson también se dio cuenta de que había “un incremento drástico en la actividad cerebral de alta frecuencia llamada ondas gamma” (Begley, par. 11). Se sabe que las ondas gamma “están relacionadas con la actividad mental superior y con la consolidación de información” (Brain and Health), lo que se relaciona con la coordinación y la cohesión de las actividades mentales de funcionamiento superior, tales como la autoconciencia y la comprensión y retención de información e ideas. Es interesante ver que ambos cambios en la actividad fueron muy superiores en los cerebros de los monjes budistas tibetanos que participaron en el estudio, con respecto a los que ocurrieron en los cerebros de los meditadores novatos, lo que sugiere que la felicidad, autoconciencia y concentración pueden, de hecho, no ser predisposiciones inherentes e inmutables, en lugar de eso, podría tratarse de habilidades que se pueden aprender y perfeccionar con entrenamiento mental.

Además del incremento en la producción de ondas gamma, lo que indica un aumento en la atención consciente y en la concentración, los cerebros de los meditadores han mostrado que producen más ondas alfa y luego theta, mientras que se reduce la producción de ondas beta. De acuerdo con Brain and Health, “las ondas alfa… tienen lugar cuando estamos relajados y en calma”, “las ondas theta… están asociadas con él dormir y la relajación profunda… y la visualización”, mientras que “las ondas beta… acontece cuando estamos pensando activamente, solucionando problemas, etc.”. Los resultados de un estudio publicado en la revista Time, informan que incluso las personas que meditaban por primera vez, mostraron una disminución en la producción de ondas beta, “eso es una señal de que la corteza no está procesando información tan activamente como de costumbre” (Park, par. 1),después de una sesión única de 20 minutos. Cuando estos meditadores habían practicado por un periodo de ocho semanas, durante la meditación sus patrones de ondas cerebrales se movieron “de… ondas alfa… a las ondas theta que dominan al cerebro durante los períodos de relajación profunda” (Park, par. 8), éste es un indicio de que al tener más experiencia en la meditación, alcanzaban un estado de relajación profunda con mayor eficiencia. El estudio del Time también registró cambios en regiones específicas del cerebro. Durante la meditación, el lóbulo frontal “tiende a desconectarse” (Park, par. 4). El lóbulo frontal es el área del cerebro responsable de las funciones superiores como “razonar, resolver problemas, discernimiento y el control de los impulsos” (Brain Health). Esta disminución de la actividad del lóbulo frontal está correlacionada con una disminución simultánea en la actividad del lóbulo parietal. El lóbulo parietal que, junto con el tálamo, procesa la información sensorial sobre nuestro entorno, reduce su actividad al punto que sólo queda “un mínimo de actividad” (Park, par. 6). Esto parece indicar que durante la meditación nuestro cerebro deja de tratar de absorber e interpretar el mundo exterior y, en su lugar, produce un panorama mental de tranquilidad profunda cuando se dirige el foco de atención hacia el interior.

No obstante, los efectos a corto plazo sobre el cerebro mientras se está llevando a cabo el proceso de meditar, no son los únicos efectos que los científicos han notado. Varios estudios muestran que, casi cómo levantar pesas con regularidad tiene un efecto de largo plazo observable en los músculos del cuerpo, el entrenamiento mental que se lleva a cabo con regularidad cambia la estructura física del cerebro. Uno de esos estudios, presentado por la investigadora científica Sara Lazar del Hospital General de Massachusetts, ubicado en Charlestown, revela que ciertas áreas de los cerebros de meditadores experimentados son más gruesas que las mismas áreas del cerebro de no meditadores. Las “partes de la corteza cerebral responsables de la toma de decisiones, la atención y la memoria” (Cullen, par. 3) eran más gruesas en los participantes del estudio que en un cerebro promedio. Ambos “la corteza prefrontal, la cual es importante para el pensamiento y la planeación superiores, y la insula del lado derecho, una región que integra las emociones, el pensamiento y los sentidos” (Phillips, par. 4), mostraron signos de incremento en su grosor en los meditadores del estudio después de que éste se terminó. Un aspecto emocionante de este engrosamiento que se observó, son las implicaciones que tienen sobre la forma en la que percibimos el deterioro mental relacionado con el envejecimiento, por lo general lo vemos como algo inevitable o, por lo menos, esperado. Las áreas específicas de la corteza prefrontal que mostraron un incremento en el engrosamiento en los meditadores del estudio, son áreas del cerebro que han mostrado ser vulnerables al adelgazamiento y su reducción correspondiente de las funciones mentales conforme vamos envejeciendo. Ya sea que la causa del engrosamiento se deba al incremento en el número de conexiones neuronales o a un mayor flujo sanguíneo en esas áreas durante la meditación, el “efecto parece invertir el adelgazamiento acostumbrado cortical” (Phillips, par. 4) que frecuentemente se observa en los ancianos. Uno de los aspectos más interesantes de este estudio en particular, son los participantes en sí mismos. Los estudios de meditación por lo general se han dirigido a monjes budistas, denominados “los atletas olímpicos de la meditación” (Davidson gtd. en Cullen, par. 4). Los participantes del estudio de Lazar no eran monjes budistas, sino una selección de 20 hombres y mujeres comunes del área de Boston, quienes practicaron meditación 40 minutos al día durante el estudio. El indicio de que para obtener los efectos benéficos de la meditación no se requiere de resistencia olímpica ni de tener los votos budistas, tiene implicaciones globales: dichos efectos están potencialmente disponibles para casi todos.

De acuerdo con un estudio dirigido por Burce O’Hara de la Universidad de Kentucky, lo anterior incluye a estudiantes universitarios. Se le pidió a los grupos de estudiantes universitarios que fueron seleccionados aleatoriamente para participar en un test de vigilancia sicomotora que “eligieran entre meditar, dormir o ver televisión” (Cullen, par. 5). La vigilancia sicomotora se refiere a nuestra habilidad para reaccionar físicamente con rapidez y eficiencia ante un estímulo que se percibe, en este caso, apretar un botón cuando los participantes del estudio vieran un destello en una pantalla. Los estudiantes a los que se les pidió que meditaran, aventajaron a los que dormían. El desempeño de los meditadores “mejoró en un 10%” (Cullen, par. 5) respecto a la prueba que hicieron al inicio sin haber meditado – “un salto enorme, estadísticamente hablando” (O’Hara gtd. en Cullen, par. 5). Aquellos estudiantes que durmieron antes de la prueba se desempeñaron “significativamente peor” (Cullen, par. 5) que en su prueba inicial. (No se mencionan los resultados de las pruebas de los que vieron televisión. Por lo visto los lectores deben sacar sus propias conclusiones sobre los beneficios mentales que tienen que ver con los que vieron la televisión). Estos resultados sugieren que la meditación puede tener un efecto reconstituyente sobre las conexiones neuronales, tal como lo hace él dormir, pero sin experimentar atontamiento.

De hecho, un estudio reciente que se llevó a cabo en China este año concluyó que los practicantes de una forma sencilla de meditación mostraron no sólo mejorar su atención, un factor de la vigilancia sicomotora, sino también mejor autoregulación autonómica que el grupo de control que practicó entrenamiento de relajación. (El entrenamiento de relajación consiste en tensar y después relajar progresivamente, los distintos grupos de músculos del cuerpo). La información sicológica de los participantes, así como las ecografías del cerebro, se tomaron antes, durante y una vez transcurridos los cinco días del estudio. Los meditadores “mostraron reacciones sicológicas significativamente mejores en la frecuencia cardiaca, la amplitud y el ritmo respiratorio, así como en la respuesta de conductancia de la piel… que el grupo de relajación” (Tang, et al., par. 1), durante y después del estudio. Las ecografías de los EEG mostraron un incremento en la actividad theta de la corteza singulada ventral anterior, la región del cerebro responsable de algunas de las funciones autonómicas, tales como la variabilidad de la frecuencia cardiaca (VFC). La VFC se refiere al leve incremento que se produce en la frecuencia cardiaca al inhalar y su leve disminución al exhalar, cuando uno está en reposo. Mientras más sano se encuentre el sistema nervioso autónomo (SNA), más sensible será la VFC en concordancia con la respiración. Cuando habían transcurrido cinco días desde que el estudio se terminó, las ecografías de los participantes revelaron que el grupo de meditación “mostró mejor regulación del SNA… que los del grupo de relajación” (Tang, et al., par. 1), debido a la actividad observada en la corteza singulada anterior.

Otro estudio dirigido por Richard Davidson (de una referencia anterior) y un grupo de colegas, también encontró que el sistema inmune de un grupo de 25 meditadores funcionaba con mayor eficiencia que el de un grupo de control que no meditaba. Durante años, la comunidad médica teorizó que “el cerebro era ajeno a las acciones del sistema inmune” (“Direct Route from Brain…”). Ahora, la ciencia médica nos muestra que el cerebro y el sistema inmune de hecho están conectados. El sistema inmune y el hipotálamo, la parte del cerebro responsable de la producción de la hormona del estrés, cortisol, al parecer operan en combinación. Mientras más cortisol produce el hipotálamo, más se suprime el sistema inmune. Cuando las células inmunológicas encuentran grandes cantidades de cortisol en el torrente sanguíneo de forma continúa, interpretan eso como un indicio de que el cerebro “básicamente les está diciendo que dejen de pelear” (Wein, par. 8). El estrés por sí mismo puede tener un efecto positivo, cuando sirve para motivar, pero el estrés excesivo o crónico, al parecer desactiva químicamente al sistema inmune, hasta cierto punto. Para llevar a cabo el estudio de Davidson, enseñaron a meditar a un grupo de participantes durante un periodo de ocho semanas. La información recopilada al final de las ocho semanas mostró “incrementos en la activación relativa anterior izquierda que se asocia con la disminución de la ansiedad y de los efectos negativos y el aumento en los efectos positivos” (Davidson, et al.) en el cerebro de los meditadores. Esto es parecido a lo que otros estudios han observado. La diferencia en este estudio es lo que sucedió en este punto. Al finalizar las ocho semanas del entrenamiento de meditación, ambos grupos fueron inyectados con una vacuna contra la gripe. A lo largo del seguimiento, se hallaron “incrementos significativos de anticuerpo[s]… entre los sujetos que pertenecían al grupo de meditación comparados con aquellos en el… grupo de control” (Davidson, et al.). Es interesante ver que los investigadores observaron que la “magnitud del incremento de la activación del lado izquierdo [del cerebro] predijo la magnitud de anticuerpos [respuesta] a la vacuna” (Davidson et al.). En otras palabras, lo felices y poco ansiosos que estuvieran los meditadores, estaba directamente correlacionado con qué tanto más eficiente era la respuesta de su sistema inmune. Esto puede sugerir que el efecto de la actividad del cerebro frontal derecho, asociada con la ansiedad y el estrés, es para estimular al hipotálamo para que produzca mayores cantidades de cortisol, de manera que suprima al sistema inmune. La práctica de la meditación cambia la actividad cerebral del lóbulo frontal derecho al izquierdo, incrementando los sentimientos de naturaleza positiva, tales como la felicidad, lo que, a cambio, induce al hipotálamo para que produzca menos cortisol, de esa manera se incrementa la eficiencia del sistema inmune.

A estas alturas, parece claro que la meditación, de hecho, produce muchos medibles, pero invaluables, beneficios en el cerebro físico. Como lo ha expuesto está pequeña muestra de estudios, tan sólo 20 a 40 minutos de entrenamiento por día, ha demostrado que puede incrementar los sentimientos de bienestar, reducir el estrés, maximizar el funcionamiento de sistemas diversos autonómicos e, incluso, volver más lentos, y posiblemente invertir, algunos deterioros mentales relacionados con la edad, entre otros beneficios. Con todos estos beneficios como recompensa por un esfuerzo comparativamente menor, uno pude llegar a la conclusión que no meditar puede incluso, en el largo plazo, ser una forma de abandono a uno mismo. Posiblemente la mejor noticia de todas es: esta es sólo la punta legendaria del iceberg. La tecnología médica avanza día con día, dándonos la capacidad de descubrir información más detallada sobre los eventos misteriosos que se llevan a cabo dentro de nuestros propios cerebros. Con todo lo que ha sido revelado hasta este momento, la ciencia está segura de que seguirá investigando los efectos del entrenamiento mental por muchos años. Dado lo que ya sabemos, considerando que apenas estamos empezando, ¿cuánto más habrá por descubrir?

Trabajos Citados

Begley, Sharon. “Scans of Monks’ Brains Show Meditation Alters Structure, Functioning”. The Wall Street Journal: Science Journal. 5 November 2004. University of Wisconsin. 14 July 2009.

Brain and Health. Ed. Karen Shue. 2007. “The Basics of Brain Waves”. 24 July 2009.

Brain Health Puzzles. Copyright 2007 – 2009, “Facts on the Human Brain”. Wolfgang. Steven Looi. SBI. 28 July 2009.

Cullen, Lisa T. “How to Get Smarter, One Breath at a Time: Scientists find that meditation not only reduces stress but also reshapes the brain”. Time. 167.3 (16 January 2006): 93. Health Reference Center Academic. Gale. Spokane Community College Library, Spokane, WA. 12 July 2009.

Davidson, Richard J., Jon Kabat-Zinn, Jessica Schumacher, Melissa Rosenkranz, Daniel Muller, Saki F. Santorelli, Ferris Urbanowski, Anne Harrington, Katherine Bonus, and John F. Sheridan. “Alterations in Brain and Immune Function Produced by Mindfulness Meditation”. Psychosomatic Medicine: Journal of Biobehavioral Medicine. 27 December 2002. American Psychosomatic Society. 16 July 2009.

“Direct Route From Brain To Immune System Discovered By Scientists”. Medical News Today. 25 October 2007. 7 August 2009.

Kolata, Gina. “Yes, Running Can Make You High”. The New York Times. 27 March 2008. 5 August 2009.

Park, Alice.“Calming The Mind: Meditation is an ancient discipline, but scientists have only recently developed tools sophisticated enough to see what goes on in your brain when you do it”. Time 162.5 (August 4, 2003): 52. Health Reference Center Academic. Gale. Spokane Community College. 24 July 2009

Phillips, Helen. “How life shapes the brainscape: from meditation to diet, life experiences profoundly change the structure and connectivity of the brain”. New Scientist. 188.2527 (Nov 26, 2005): 12(2). Health Reference Center Academic. Gale. Spokane Community College. 24 July 2009.

Tang, Yi-Yuan, Yinghua Ma, Yaxin Fan, Hongbo Feng, Junhong Wang, Shigang Feng, Qilin Lu, Bing Hua, Yao Lin, Jian Li, Ye Zhang, Yan Wang, Li Zhou, and Ming Fan. “Central and autonomic nervous system interaction is altered by short-term meditation.(PSYCHOLOGY: NEUROSCIENCE)(Author abstract)(Report)”. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States. 106.22 (June 2, 2009): 8865(6). Health Reference Center Academic. Gale. Spokane Community College. 24 July 2009.

Wein, Harrison, Ph. D. “Stress and Disease: New Perspectives”. The NIH Word on Health. October 2000. 7 August 2009.

Versión Inglés: Brain Training: The effects of meditation on the brain

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