Mi preciosa oportunidad

La recuperación del cáncer se convierte en una exploración de la bondad

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Tracy es una antigua benefactora y voluntaria de la Abadía Sravasti. Mientras se recuperaba de cáncer, dio la siguiente plática en una reunión dirigida a recabar fondos para Cancer Patient Care de Spokane, Washington.

Hace un año, súbitamente la vida se tornó preciosa para mí. Me diagnosticaron un agresivo cáncer de seno que se había extendido al sistema linfático. La palabra “cáncer” conduce a experimentar miedo, pánico y una carga abrumadora. ¡Basta por sí sola para llevarlo a uno a morirse de miedo! El equipo médico balbuceaba algo respecto a las etapas y demás –la terminología me sonaba a suajili. A pesar de todo, de repente, debía aceptar la realidad: “Sí, yo. Tengo un padecimiento que amenaza mi vida”. Me fui sin haber sido tratada, éste era el final. La muerte me acechaba.

Incredulidad y negación

Me encontraba petrificada e incrédula. Aunque todavía estaba en una profunda negación, empecé a escuchar lo que el equipo del Providence Cancer Center trataba de decirme: que los tratamientos podrían funcionar. El cáncer no es una sentencia de muerte. Sin embargo, la agresividad del tratamiento es proporcional a la severidad de la enfermedad; después de todo ¡el fuego se combate con fuego! A regañadientes empecé con el largo proceso de las quimioterapias, cirugía y el tratamiento farmacológico, los cuales duraron casi un año. Cuando comencé con la quimioterapia, me resultaba imposible concentrarme, tanto así que prácticamente era incapaz de realizar mi trabajo técnico especializado. Si me era difícil recordar el año en que me gradué, cuantimás el algoritmo que debía utilizar. Pronto mi trabajo y yo nos separamos.

Entonces las realidades de la vida sobresaltaron mi consciencia… Mi familia vivía lejos, ¿cómo me iba a cuidar cuando estuviera tan enferma que no fuera capaz de vestirme o cocinarme? ¿Cómo iba a pagar mis cuentas? ¿Debía atribular a mis amigos? Los tratamientos seguían avanzando. Padecí los efectos colaterales y también me dio herpes. Eso sin mencionar ¡el peor invierno del siglo! Los contratiempos de la vida siguen sucediéndose independientemente de si se está enfermo o no: ¡un quitanieves golpeó mi automóvil y huyó! Me quedé sin energía eléctrica justo cuando la temperatura exterior era de -5o F (-20.5o C). Ahora me puedo reír de eso –un poco. Conforme mi bienestar se desplomaba vertiginosamente, lo mismo le pasaba a mi carrera y finanzas. Lo que siguió fue la caída financiera de Morgan del 2009.

Milagrosa y simultáneamente, docenas, si no es que cientos de profesionales, voluntarios, amigos y familiares se congregaron para ayudarme. El seguro provino del programa Breast and Cervical Health Screening. Mi familia fue extraordinaria y amorosamente me brindó apoyo emocional. Mis amigos hicieron esfuerzos heroicos, ya que frecuentemente conducían durante horas para darme tratamientos de Reiki y para ayudarme con las tareas del hogar. Me traían alimentos hechos en casa y sombreros, pero más que nada, traían amor y afecto. Los profesionales de la medicina fueron y son incansables en su dedicación y esfuerzo. La lista es larga –no puedo agradecerles a todas estas personas lo suficiente.

La enfermedad se convierte en una exploración de la bondad

De mi comunidad espiritual, que es mi auténtico refugio, recibí ayuda significativa. Ellos me dieron las herramientas internas para recuperar y restaurar mi actitud. Me aconsejaron: “Date cuenta de la bondad de los demás y sé bondadosa. Eso es todo lo que tienes que hacer”. Abrir los ojos a esta sencilla práctica, resultó ser toda una revelación. Este consejo fue un verdadero salvavidas. No me refiero literalmente a que salvó mi vida, sino a que logró transformar mi período de convalecencia, en un campo fértil para explorar la bondad.

Por ejemplo, producto de su gran empatía, los oncólogos seguían haciendo acto de presencia, a pesar de estar conscientes de incomodar al paciente e incluso, de lograr que dicho paciente los odiara por eso. Una enfermera angelical, una bodisatva, hasta le escribió a mi madre anciana para mantenerla informada durante todo el tiempo que estuve en tratamiento.

Empecé a ver cuánto había dado por sentado: mi salud, mi familia, mis amigos y mis amigos espirituales. Incluso, todos esos incontables desconocidos que trataron de mostrar solidaridad y apoyo con una sonrisa, un abrazo o abriéndome la puerta, me pasaron casi desapercibidos mientras estaba imbuida en mis propios problemas.

Las plegarias de amigos y desconocidos florecieron –hasta fui incluida en un círculo de oración de una iglesia en alguna parte de las Carolinas. También hicieron oración por mí en la India y en otros países –cuánta bondad. Dondequiera que hay una persona con cáncer, también hay alguien con un inmenso corazón abierto, rezando por aquellos padeciendo la enfermedad. También yo, sabiendo qué se sentía, podía rezar ahora auténticamente por todos los pacientes con cáncer. Nos podíamos apoyar unos a otros.

Aunque contaba con apoyo de distintas índoles, las cuentas, el transporte y la comida seguían siendo asuntos delicados para mí. Necesitaba más ayuda. El miedo y la depresión con frecuencia aparecían, y también me sentía agobiada por todo lo que tenía que enfrentar. A veces tenía la irracional necesidad de encontrar algo o alguien a quién culpar. Asimismo, surgían dudas absurdas, “¿Era yo una mala persona –había hecho algo malo?” ¡El miedo se puede manifestar de tantas formas! Continuamente tenía que volver a mi práctica de observar la bondad de los demás…

Una nueva familia extendida

Un lugar específico en el que busqué y encontré mucha bondad y generosidad fue aquí mismo, en Spokane. Tenemos a un gran campeón, uno que está disponible para los más necesitados: Cancer Patient Care. Su misión es asegurarse de que los pacientes tengan dinero para pagar comestibles, gasolina para ir al doctor y otros recursos. Ésta fue ayuda real y práctica durante mi crisis.

Fui a su oficina para ver si calificaba y ahí conocí a Katie, quien se convertiría en mi trabajadora social. Ella es accesible y tiene un buen sentido del humor y de inmediato me brindó ayuda. CPC hace mucho más de lo que imaginé. No sólo me ayudaron a mantenerme caliente durante las tormentas de nieve con dinero para pagar la cuenta de la luz, sino que también me dieron artículos más personales como sombreros peludos y acogedoras cobijas que tejen las voluntarias. Le dieron calor a mi corazón mediante las horas de consejos, apoyo moral y capacidad de escuchar a la antigua.

Y después, a hacer muchas compras en la sala de suministros: pelucas, pañoletas y sí, ¡más sombreros! Conforme me iba probando distintas imágenes –rubia, castaña, pelirroja- mi ánimo se iba levantando. El grupo de apoyo que dirigen también me ayudó a disipar los sentimientos de soledad y aislamiento. Era fácil ver la bondad del personal –todo lo que querían era ser de ayuda e iluminar el día de los pacientes con cáncer.

Conforme el tratamiento avanzaba, los tumores se encogían y hacia el final de la quimioterapia el cáncer casi había desaparecido. Ésto mejoró mucho mi pronóstico. La cirugía removió el resto y fue gracias a la ayuda de mis amigos que me realizaron esa cirugía (créanme, ¡tenía muchas excusas pobres para estar en cualquier otra parte!). El tratamiento farmacológico me ayudó a restablecer mi salud. Ahora puedo ver la sabiduría que hay en los distintos tratamientos y siento mucho más confianza en el resultado.

Cancer Patient Care estuvo conmigo en los tiempos más difíciles. Cuando me había recuperado lo suficiente, ayudaron a patrocinar un programa de ejercicio para mí. Patrocinan otros servicios como retiros reconstituyentes y masajes para pies. El picnic anual en Manito Park mantiene en contacto a la comunidad de CPC. Te hacen saber que no estás solo, dando atención tanto al cuerpo como a la mente. Conforme los meses transcurrían, sentía que siempre contaba con alguien que entendía mi situación. ¡Siento que me he integrado a una enorme y cálida familia extendida!

Tracy Morgan con amigos de Dharma

Mientras estemos vivos, enfermos o sanos, ricos o pobres, podemos hacer algo muy gratificante y alegre. Podemos ser bondadosos dando e interesándonos.

Una oportunidad para ser bondadoso con los demás

Mientras continúo en esta travesía, me voy dando cuenta que, aún en un sentido más amplio, no estoy sola. Muchos de los que se encuentran aquí presentes entienden de forma personal la experiencia del cáncer –también lamento las batallas que han tenido que librar. Así es que probablemente no sea difícil imaginar la ansiedad vivida por las personas de nuestra comunidad que no tienen dinero suficiente para cubrir sus gastos durante el tratamiento. Tan sólo en mi vecindario sé de dos madres solteras que tienen cáncer y solamente cuentan con el ingreso que les proporciona el estado y se la pasan luchando desesperadamente para poder cubrir los gastos de alimentación de sus hogares mientras tratan de recuperarse. Ésta es una situación trágica. Pero hay ayuda para ellas y para muchas otras personas a través de Cancer Patient Care.

Rumbo a mi recuperación, me siento muy afortunada y agradecida. En este momento tengo la preciosa oportunidad de seguir con vida y de practicar la generosidad y la bondad. Mientras tengamos vida –enfermos o sanos, ricos o pobres- podemos hacer algo que recompense y dé alegría. Podemos ser amables, generosos y afectuosos.

Ustedes pueden coadyuvar a la sorprendente generosidad del Cancer Patient Care. Ahora que personalmente lo he experimentado, ver la manera en la que esta institución apoya a los enfermos y pobres es muy reconfortante. Espero que a través de mi historia ustedes logren percibir una parte del impacto que Cancer Patient Care tiene en nuestra comunidad. Pueden estar seguros de que realizan su trabajo con el corazón abierto. Ahora saben adónde van a parar sus donativos. Cualquier donativo es bienvenido: donativos en dinero, tiempo, artículos críticos, todos los donativos son bien recibidos. Por favor sean generosos con Cancer Patient Care para que otras personas de nuestra ciudad puedan ser atendidas y apoyadas durante su solitaria travesía por el cáncer.

(Al final de la plática, la audiencia ovacionó de pie a Tracy y después muchas personas se apiñaron a su alrededor para decirle lo mucho que se habían beneficiado con lo que dijo. Tracy realmente convirtió su oportunidad en algo precioso.)

Versión Inglés: My precious opportunity

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