Verso 14: Enfrentando la culpa

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Educación electrónica mayo 2013, de Don’t Believe Everything You Think: Living with Wisdom and Compassion

Aunque alguien difunda todo tipo de comentarios desagradables
Sobre ti a través de los tres mil mundos,
A cambio, con una mente amorosa,
Habla de sus buenas cualidades-
Ésta es la práctica de los bodisatvas.

“Las treinta y siete prácticas de los bodisatvas “ por Togmay Zangpo

El apego a la reputación

Imagina que alguien te critica ferozmente, burlándose de ti, arruinando tu reputación y diciendo mentiras horribles sobre ti. Al mismo tiempo, no tienes la posibilidad de contar tu versión de la historia y limpiar tu nombre.

No nos agrada que una persona le diga un comentario desagradable sobre nosotros a alguien más, sin mencionar que difunda todo tipo de mentiras que ocasionen que cada persona en los tres mil mundos sienta desconfianza y antipatía hacia nosotros. Imagina el sufrimiento que experimentarías si alguien te hiciera algo así. Esto apunta a uno de nuestros más grandes apegos, nuestra reputación. Por supuesto, mientras más apegados estamos a nuestra reputación, más nos molestamos cuando otras personas no están de acuerdo con lo maravillosos que pensamos que somos. Este apego y el enojo que provoca se convierten en un gran problema para nosotros.

¿Qué recomienda hacer en una situación así el Bodisatva Togmay Zangpo? ¿Publicar un anuncio de página completa en el New York Times y explicar nuestro lado de la historia? ¿Criticar a la otra persona de modo que su reputación quede totalmente destrozada? ¿Acurrucarnos y sentir lástima por nosotros mismos, porque nadie nos entiende o apoya? Ninguno de esos va a funcionar.

En lugar de eso, Togmay Zangpo nos dice que a cambio hay que “hablar de sus buenas cualidades” con una mente amorosa. Esto suena imposible y podemos preguntarnos si Togmay Zangpo está loco. La mente egoísta piensa: “¿Hablar de las buenas cualidades de ese tipo? ¡No tiene ninguna! Cualquiera que me critica carece de buenas cualidades”. Aquí vemos claramente cómo funciona el pensamiento egocéntrico. El criterio que utiliza para evaluar a las personas es: “Alguien a quien le caigo bien es una buena persona y alguien a quien no le caigo bien es una mala persona”. ¿Es esta una buena manera de evaluar a los demás? ¿Es una buena manera de elegir a los amigos? No, en absoluto. Solamente estamos tratando de protegernos de cualquier crítica y de la infelicidad.

Somos tan fáciles de manipular. Alguien con una motivación intrigante viene y nos halaga, diciéndonos lo talentosos, maravillosos y bien parecidos que somos. Entonces nos tumbamos a disfrutar de sus palabras, con ganas de recibir más elogios. Creemos que cualquiera que diga algo bueno de nosotros es una persona maravillosa. Mientras tanto, nuestra sabiduría que discrimina anda de paseo. Alguien nos alaba y nos encanta esa persona, incluso si está tratando de hacernos daño y manipularnos. Nos enamoramos de la alabanza con gran facilidad.

Por otro lado, cuando un amigo ve que actuamos de manera perjudicial y con interés auténtico nos dice: “Por favor, fíjate cómo estás actuando”, nos ponemos furiosos. Nuestras defensas surgen de inmediato y gritamos: “No eres mi amigo. ¿Por qué me estás criticando? En lugar de ver la paja en el ojo ajeno deberías estar viendo la viga que tienes en tu propio ojo”. Sin embargo, esa persona habla sobre nuestro comportamiento porque realmente se preocupa por nosotros. No quiere que creemos karma destructivo y estemos en dificultades. Consideramos a la persona como un enemigo y juramos que nunca le vamos a volver a hablar. Le guardamos resentimiento y decimos cosas malas de ella a lo largo de los tres mil mundos, a pesar de que estaba tratando de ayudarnos con compasión.

Los criterios que utilizamos para distinguir entre amigos y enemigos están totalmente sesgados. Nos dejamos engañar por las tretas de alguien que hipócritamente nos alaba con el fin de obtener algo de nosotros, y odiamos a alguien que, por un interés genuino, dice algo que nuestro pensamiento egocéntrico no quiere oír, a pesar de que las palabras son verdaderas y era necesario decirlas.

En vez de eso, nos podemos evaluar a nosotros mismos de una manera más realista. ¿Qué cualidades tengo? ¿Cuáles son mis debilidades? ¿Qué necesito hacer para enfocarme en ser mejor? ¿Qué cualidades tengo que puedo mejorar? Todos tenemos algunas buenas cualidades y todos tenemos algunas debilidades.

Si somos capaces de evaluarnos mejor, no nos va a afectar tanto lo que otras personas digan. Si somos capaces de revisar nuestras propias motivaciones, entonces sabremos cuando estamos actuando correctamente y cuando no. De manera que la retroalimentación de otras personas no nos afectará tanto porque estamos en contacto con nosotros mismos.

Si otras personas dicen todo tipo de cosas groseras, desagradables y despectivas sobre nosotros y nos critican en nuestra cara o a nuestras espaldas, entonces estamos en mejores condiciones de evaluar lo que es verdad y lo que no con la mente tranquila. Cuando tenemos ese espacio en nuestra mente, cuando no estamos a la defensiva sobre cada pequeño comentario que la gente hace de nosotros, entonces hay espacio en la mente para mirar a la otra persona y ver sus buenas cualidades. En lugar de verla con todos sus defectos, nos damos cuenta de que tiene algunas fallas, pero también tiene algunas buenas cualidades. En base a este reconocimiento, vamos a ser capaces de hablar bien de sus buenas cualidades.

Este verso nos aconseja mantener un corazón amoroso y compasivo, incluso hacia alguna persona que ponga en nuestra contra a los demás, que diga chismes sobre nosotros a nuestras espaldas y destruya nuestra reputación. En lugar de proyectar “diablo” sobre esa persona, hay que reconocer que tiene naturaleza búdica. Tiene la cualidad de la bondad en ella, aunque no la manifieste hacia nosotros en ese momento. Ha sido amable con nosotros en vidas anteriores. Además, la reputación no tiene ningún valor esencial. Se trata sólo de las ideas de otras personas, y las ideas de los demás son volubles y cambiantes.

En lugar de aferrarnos a nuestra reputación, le decimos a esa persona: “Gracias por haberme ayudado a darme cuenta de que la reputación no trae felicidad”. Una parte de nuestra mente puede decir: “Eso está mal. La reputación me hace muy feliz”. Si este es el caso, pregúntate: “¿Cuál es la felicidad que la reputación me brinda? ¿En qué me benefician las opiniones cambiantes que los demás tienen acerca de mí? ¿Evitan que me enferme? ¿Evitan que muera? ¿Me acercan a la iluminación? ¿Purifican el karma destructivo? Desde una perspectiva de Darma, ¿qué beneficio produce una buena reputación?”

Al observar nuestra situación con sabiduría, vemos que una buena reputación no nos trae ningún beneficio. En todo caso, podría hacernos daño al volvernos vanidosos o complacientes. Si podemos ver que la reputación carece de sentido, entonces renunciemos al apego a ella. Trabajamos con nuestra mente y la transformamos para que realmente podamos ver las buenas cualidades de los demás. Hacer esto permite que nuestra mente esté tranquila, independientemente de lo que los demás digan de nosotros. ¿No sería maravilloso permanecer en calma sin importar lo que otros piensen o digan de nosotros?

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