Trascendiendo la propensión a culpar

Educación electrónica julio 2016, de An Open-Hearted Life: Transformative Methods for Compassionate Living from a Clinical Psychologist and a Buddhist Nun

Aunque el enojo y la tendencia a culpar pueden surgir en nuestra mente, son contrarios a las cualidades que todos admiramos como el amor, la compasión, la tolerancia y el perdón. A partir de nuestra propia experiencia sabemos que cuando el enojo y la propensión a culpar a otros surgen en nuestra mente, en ese momento no hay espacio para el amor y la compasión. Por lo tanto, para cultivar las cualidades que nos hacen sentir en paz, en nuestras relaciones y en la sociedad, debemos buscar la manera de dominar a sus opuestos.

A menudo decimos: “¡Esa persona me estaba volviendo loco!” como si el enojo fuera un virus que pudiéramos coger de otra persona. Es como si las palabras de la otra persona estuvieran contaminadas con el virus del enojo y tan pronto como llegan a nuestros oídos nos contagiáramos inevitablemente con el virus de la ira. Creemos que la otra persona fue la causa de nuestro enojo: “¡Tú me lo hiciste!”, y nosotros somos víctimas inocentes, sin defectos.

Afortunadamente, ese no es el caso. Si fuera cierto que otra persona nos hiciera enojar, entonces no habría nada que hacer con respecto a nuestros sentimientos hostiles. No podríamos renunciar a nuestro enojo hasta que la causa, la otra persona, hubiera cambiado. Este punto de vista nos convierte en una víctima indefensa, y entonces creeríamos que estamos justificados a atacar a la otra persona por hacernos enojar o a culparnos a nosotros mismos por ser tan indignos que merecemos ser tratados así.

¿De dónde viene el enojo? Inicia con la forma en la que interpretamos las palabras de otras personas; inventamos una historia: “Esta persona me criticó porque deliberadamente quiere hacerme daño.” “…porque está celosa.” “…porque soy una mala persona e hice algo equivocado.” “…por sus prejuicios.”

Las historias siguen proliferando a medida que creamos un drama (“Pero si no es su culpa, entonces debe ser mi culpa. ¡Me odio!”) Nos enredamos solos en una maraña de nuestra propia creación.

¿Algo de esto es verdad? A la otra persona no le preguntamos cuál era su motivación. Nosotros simplemente asumimos que podíamos leer su mente y saber su intención. Muy a menudo estas suposiciones son incorrectas y causan problemas en nuestras relaciones. Incluso si la otra persona quería hacernos daño intencionalmente, eso no quiere decir que no tenemos otra alternativa sino enojarnos. No importa la motivación de la otra persona, siempre tenemos la posibilidad de elegir la forma de interpretar su comportamiento y, por tanto, de elegir si nos enojamos o no. Tenemos que detenernos y ver que existe esta opción.

Podemos pensar: “Pero cualquier persona normal se enojaría si alguien le hablara de esa manera”. Aunque la mayoría de las personas se enojen en una determinada situación, esto no significa que tenemos que hacerlo. Somos la persona que va a resultar más perjudicada por su propio enojo.

La persona con la que estamos enojados está viviendo su vida, bebiendo té o hablando con sus amigos. Somos nosotros los que estamos atrapados en el sufrimiento; nuestro enojo nos hace miserables. Aunque sólo sea para aliviar nuestra propia miseria, vamos a cuestionar la historia que creamos, la que está detrás de nuestro enojo. Vamos a investigar si tenemos motivos para enojarnos.

Por lo general, creemos que si un problema o una mala situación no es culpa de la otra persona, entonces debe ser culpa nuestra. Pero, ¿por qué tenemos que enmarcar la situación en términos de ser culpables o echar la culpa? En lugar de eso, podríamos simplemente decir que las cosas surgen debido a muchas causas y condiciones.

Me gustaría proponerles que vayamos más allá de la culpa. No hay necesidad de que exista una persona a quien culpar, ya sea nosotros mismos o los demás. Ninguna persona es tan poderosa para controlar todas las causas y condiciones que conducen a una situación particular. Las situaciones surgen debido a muchas causas y condiciones que derivan de una amplia variedad de otras causas y condiciones diferentes.

En lugar de señalarnos unos a otros con el pensamiento: “Alguien tiene la culpa de esto”, cada uno puede aceptar la responsabilidad que le corresponde y tratar de erradicar la ignorancia, el enojo, u otros sentimientos perturbadores que están detrás de ellos. Incluso si creemos que no tenemos nada que ver con la creación de la situación, nuestras respuestas emocionales son nuestra responsabilidad y sólo nosotros podemos cambiarlas.

Cada uno puede hacer su parte en esto, y, puesto que cada uno de nosotros quiere ser feliz y ninguno quiere sufrir, tiene sentido que trabajemos juntos para aliviar el sufrimiento que todo el mundo experimenta en una situación difícil.

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