Dar una retroalimentación positiva y elogiar

Print Friendly, PDF & Email

Educación electrónica febrero 2014, de Living with an Open Heart: Cultivating Compassion in Everyday Life

Con demasiada frecuencia prestamos tanta atención a las situaciones desagradables, ¡que nos olvidamos de notar y comentar las felices! Hablar de lo que va bien y de lo que nos gusta de los demás es muy importante, y es una buena habilidad en la que vale la pena entrenarnos.

A veces tenemos que recordarnos a nosotros mismos hacer esto. Por esa razón, yo a menudo le dejo “tarea” las personas que asisten a mis clases de budismo: todos los días deben elogiar al menos a una persona en su cara y elogiar por lo menos a otra a sus espaldas.

Esta es una práctica particularmente buena en el entorno de trabajo, ya que puede ayudar a aligerar cualquier energía negativa. También puede evitar que otros se confabulen y usen a otra persona como chivo expiatorio. Cuanto más expresamos nuestra alegría y satisfacción por el comportamiento de los demás, ambos nos sentimos mejor.

Dar retroalimentación positiva no es sólo decir “gracias” o “eres muy bueno.” De hecho, esas expresiones realmente no le dan a la otra persona mucha retroalimentación útil. A menudo, cuando elogiamos a los niños, les decimos: “Eres un buen niño/niña”. Eso sólo le dice al niño que nos sentimos complacidos, pero no necesariamente entienden por qué o cómo fue que nos hicieron felices. Pero si les decimos: “Gracias por recoger tus juguetes. Ahora puedo caminar por la habitación sin temor a tropezarme”, eso permite que el niño sepa exactamente cuál es el comportamiento que apreciamos. Entonces, porque a todo el mundo le gusta recibir comentarios positivos, el niño volverá a hacer lo mismo otra vez.

Comunicar agradecimiento a los adultos es similar y lo hacemos diciéndole a la persona la acción específica que hizo y su efecto positivo en nosotros. Por ejemplo, un gerente de departamento puede decir: “Gracias por entregar el informe a tiempo. Me da la oportunidad de pensar y planificar el siguiente paso”. También podemos elogiar al compartir nuestros buenos sentimientos y necesidades satisfechas, por ejemplo, diciendo: “Estoy muy agradecido porque me supliste en la reunión. Agradezco el apoyo y la camaradería” o “Gracias por llamar para decir que ibas a llegar tarde. Agradezco que me avisaras porque eso me permitió ponerme al día en otro trabajo mientras esperaba”.

A veces, ni siquiera necesitamos hablar para comunicar nuestro aprecio, la comunicación no verbal puede ser muy poderosa. Una sonrisa amable y una inclinación de la cabeza, o pronunciar en silencio la palabra “gracias” cuando alguien hace algo que apreciamos puede decir mucho.

Entrenarnos a nosotros mismos para hacer saber a los demás los efectos benéficos que sus palabras y acciones tienen sobre nosotros aumenta nuestra alegría en la vida: nos sentimos mejor cuando tenemos buenos pensamientos sobre los demás. También refuerza nuestra atención en la bondad de los demás, aumenta nuestra sensación de cercanía con los demás y fortalece nuestra conciencia sobre lo bueno que hay en el mundo. Estos, a su vez, hacen que nuestro amor y compasión sean más sinceros y enriquecen nuestra vida.

Find more on these topics: ,