Convertirnos en nuestros propios amigos

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Educación electrónica febrero 2015, de An Open-hearted Life: Transformative Methods for Compassionate Living from a Clinical Psychologist and a Buddhist Nun

A menudo se dice que para sentir amor y compasión por los demás, primero debemos sentirlos por nosotros mismos. La ausencia de amor y compasión hacia nosotros nos lleva a criticarnos con dureza, lo que, a su vez, afecta como nos sentimos con respecto a los demás y cómo nos comunicamos con ellos. Además, una actitud crítica hacia nosotros mismos nos hace desdichados e impide que cultivemos y experimentemos amor y compasión. Por lo tanto, es importante volvernos nuestros propios amigos, tener una actitud de interés por nosotros y ser amables al hablar con nosotros mismos.

Para ello, primero tenemos que cuestionar nuestros pensamientos. Cuando nos damos cuenta de que estamos pensando: “No valgo nada”, podemos preguntarnos: “¿Eso es verdad?” No toma mucho tiempo darse cuenta de que no es así. Nosotros contribuimos con la vida de otros y todos tenemos talentos. Pensar que somos inútiles o incapaces está mal y no es de mucha utilidad.

Por extraño que pueda parecer al principio, ¡no todo lo que pensamos es verdad! Los pensamientos no son más que pensamientos; no son necesariamente una descripción exacta de la realidad. Cuando nos sentimos muy deprimidos o emocionados, nuestros pensamientos por lo general están sesgados, exagerando ya sea los aspectos negativos o positivos de lo que estamos pensando.

Podemos decir que nuestros pensamientos autocríticos no son realistas, ya que todos se centran en nosotros: “Soy el peor abogado/madre/estudiante/profesor del mundo”. Esto es un poco de importancia personal, ¿no les parece? ¡No somos tan importantes como para hacer que todo salga mal! Centrarnos sólo en nosotros mismos es una manera desequilibrada de mirar al mundo; siempre hay otras personas y condiciones que deben ser tomadas en cuenta. Sabiendo esto, no tenemos que creernos nuestros pensamientos autocríticos pensando que son verdad. Son simplemente pensamientos vagando por la mente. Vienen y se van. No describen una realidad objetiva.

Una vez que comenzamos a dudar de los pensamientos negativos que tenemos sobre nosotros mismos, los cuales han sido creados porque adoptamos una perspectiva egocéntrica en nuestras vidas, podemos dirigir la atención a nuestras buenas cualidades. A algunas personas les resulta difícil hacer esto porque están acostumbradas a denigrarse a sí mismas, o les preocupa volverse arrogantes si piensan cualquier cosa buena de ellos. Sin embargo, reconocer nuestros talentos y buenas cualidades implica ver lo que hay. No se trata de exagerar; tenemos esas cualidades y habilidades.

La arrogancia es diferente: exagera estas cualidades y es una actitud orgullosa que surge de una falta de confianza en uno mismo. En nuestro intento desesperado por sentirnos bien con nosotros mismos, exageramos nuestras buenas cualidades, pensando que si podemos convencer a los demás que somos maravillosos, entonces debemos ser maravillosos. Por el contrario, reconocer nuestros talentos y capacidades no implica exageración. Simplemente estamos siendo fácticos, tenemos cierto conocimiento o habilidades y podemos utilizarlos para ponerlos al servicio de los demás.

Mientras que el egocentrismo es una preocupación exagerada por nosotros mismos, tener una autoestima sana consiste en el reconocimiento de nuestras capacidades y apreciar lo que tenemos para ofrecer al mundo. Con una autoconfianza saludable, nos apreciamos y respetamos a nosotros mismos tal como apreciaríamos y respetaríamos a cualquier otro ser vivo. No somos ni más inútiles ni más importantes que los demás. Con una actitud equilibrada, podemos extender la bondad y compasión hacia nosotros mismos y los demás.

Para convertirnos en nuestros propios amigos, es necesario que seamos amables con nosotros mismos. Tener una actitud de amabilidad hacia nosotros no es autoindulgencia, es simplemente tratarnos con el mismo respeto y consideración con los que trataríamos a cualquier otra persona. No hay nada de egoísta en esto. Cuando decimos: “Quiero ser bondadoso y compasivo con todos los seres vivos”, la palabra “todos” nos incluye a nosotros. “Todos” no significa ¡todos menos yo! Somos merecedores de nuestra propia bondad como todos los demás, por ello, practicamos ser pacientes con nosotros mismos, alentándonos y celebrando nuestros éxitos.

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