La traición

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Educación electrónica mayo 2014, de Don’t Believe Everything You Think: Living with Wisdom and Compassion

Verso 16 – “Las treinta y siete prácticas de los Bodhisattvas”

Aunque una persona a la que has cuidado
Como si fuera tu propio hijo te considera un enemigo,
Quiérela de una forma especial, como una madre
Lo hace con su hijo cuando ha sido afectado por una enfermedad—
Ésta es la práctica de los bodhisattvas.

Expectativas despedazadas

Este verso habla de nuestra relación con alguien a quien hemos cuidado como nuestro hijo, alguien en quien hemos invertido mucho tiempo y energía, alguien a quien amamos y en quien confiamos mucho. Esperamos que se sienta agradecido por nuestros esfuerzos y pensamos que seguiremos teniendo una relación llena de amor. Sin embargo, eso no es lo que sucede. En lugar de sentirse agradecido y retribuir nuestro afecto, esta persona nos da la espalda y nos ve como un enemigo. Estas cosas pasan en las familias y en otras relaciones cercanas. Una persona puede ser amable con otra, pero la otra persona no puede ver su bondad. En su lugar, se convierte en un enemigo y lo ataca.

Esta situación dolorosa y lamentable es el resultado de nuestro propio karma creado en el pasado. Le hicimos algo similar a alguien más en el pasado. Le dimos la espalda a una persona que era bondadosa con nosotros, la criticamos, herimos sus sentimientos y traicionamos su confianza. Ahora nos está pasando a nosotros.

Además, las mentes de los seres sintientes están bajo la influencia de las aflicciones. Sabemos por nuestra propia experiencia que cuando nuestra mente está bajo la influencia de las aflicciones, decimos y hacemos cosas atroces. Eso es exactamente lo que le está pasando a los demás cuando hacen cosas atroces en contra de nosotros.

Si consideramos a la persona que traiciona nuestra confianza en la forma en la que una madre o un padre considerarían a su hijo que está afectado por una enfermedad, no vamos a tomar personal lo que la persona dice y hace, porque sabemos que no está en su sano juicio. ¿De qué está enferma esta persona? Sufre de sus aflicciones mentales. Su mente está enferma de concepciones equivocadas, que son las que causan que retribuya bondad con hostilidad.

La reacción inmediata de nuestra mente egoísta es: “Te amé, te aprecié. Hice tanto por ti. Y mira cómo me estás tratando. Pobre de mí. ¿Qué hice para merecer esto?”

A algunos de nosotros nos gusta entregarnos a la autocompasión. Como uno de los reclusos con los que intercambio correspondencia dijo, organizamos una fiesta de lástimas. Somos la estrella del espectáculo y cantamos nuestra canción favorita una y otra vez: “Pobre de mí. ¿Qué hice para merecer esto?” Todos sienten lástima de nosotros y no tenemos que hacer nada más que disfrutar de ser desdichados. A la mente egocéntrica le encanta esto. Pero en lugar de entrar en nuestra rutina de “pobre de mí”, este verso nos aconseja presionar el botón de pausa y, en su lugar, apreciar a esa persona “de una forma especial, como una madre lo hace con su hijo cuando ha sido afectado por una enfermedad”.

En momentos como este, hay un par de formas que nos pueden ser de utilidad para cambiar nuestra perspectiva. Una es reflexionar en alguna ocasión en la que le hicimos lo mismo a otras personas, sentir un poco de arrepentimiento y enmendar la forma en la que las hemos tratado. Tal vez puedas ponerte en contacto con esas personas de nuevo o escribirles una carta o disculparte de alguna manera.

La segunda es verlos como alguien que está bajo la influencia de las aflicciones. Es por eso que la analogía se refiere a cómo una madre ve a su hijo “que está afectado por una enfermedad”. Los padres saben que si un hijo tiene una fiebre altísima, lo que diga no va a tener ningún sentido. Incluso los adultos con fiebre muy alta no tienen ningún sentido. Lo que están pensando no tiene sentido. La mente simplemente está fuera de control. Pero una madre cuyo hijo tiene fiebre alta sabe que el hijo está delirando y dirá todo tipo de cosas que no quiere decir. De modo que no lo toma personal, porque sabe que el niño está enfermo. Sin embargo, esto no significa que permitas que la persona tenga un mal comportamiento.

Aquí se requiere compasión. Estamos trabajando para el beneficio de otros seres sintientes. Éstas son las cosas que hacen que la mente de un bodhisattva sea muy fuerte, porque si vamos a practicar el camino del bodhisattva, tenemos que ser capaces de soportar este tipo de cosas sin que nuestra mente se sienta insultada y molesta y sin caer en el enojo o la autocompasión o la santurronería o cualquiera de las cosas habituales que hacemos cuando los seres sintientes no se comportan como pensamos que deberían. En tu corazón, lo aprecias como una madre lo hace con su hijo enfermo. Externamente, demuestras ese afecto proporcionando estructura y guía.

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