La bondad hacia las otras personas

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Como la ecuanimidad y la impermanencia nos pueden ayudar a entender nuestra relación con nuestros amigos, enemigos y extraños.

Hay un concepto en el budismo que es fundamental para entender el Dharma. A éste se le llama “surgimiento dependiente u origen dependiente”. El término “surgimiento dependiente” se utiliza de diferentes maneras en las enseñanzas del Buda. Puede describir la forma en que tomamos un renacimiento en la existencia cíclica. El surgimiento dependiente también indica que las cosas dependen de causas y condiciones, todas las partes esenciales que componen los fenómenos (incluyéndonos), los conceptos y etiquetas que le ponemos a esos fenómenos. Todo surge en dependencia de otros factores. Todos los seres sintientes, humanos o no, formamos parte de esta red.

En otras palabras, ningún ser vivo es una isla. Por desgracia, nuestra cultura occidental parece enfatizar nuestra individualidad haciéndonos pensar que somos sólidos, inmutables e independientes. Esto nos lleva a ver el mundo como algo separado de nosotros mismos y luego empezamos a observar todo desde el punto de vista de cómo nos beneficia o perjudica.

Esta ilusión crea lo que se conoce como “apegos” y “aversiones” que conocemos mejor como: prejuicios, enojo, codicia, odio, violencia y lujuria.

En nuestra ignorancia nos ponemos a clasificar a las personas en tres categorías: amigos, enemigos y extraños.

Le ponemos la etiqueta de “amigos” a aquellas personas a las que estamos apegados. ¿Por qué estamos apegados a ellas? Porque satisfacen nuestras necesidades, deseos materiales y emocionales.

A cualquiera que nos da la impresión de que podría hacernos daño de alguna manera o que interfiere con lo que queremos cuando lo queremos, lo llamamos “enemigo”. Hacia estas personas sentimos enojo, odio, celos, agresividad, etc.

Y “extraños” son todos los demás en el mundo de los que no tenemos una opinión. No los conocemos y dado que no nos afectan de ninguna manera, somos indiferentes o apáticos con ellos.

No tomamos en cuenta otra enseñanza budista muy importante, la de la impermanencia y el cambio. Estas categorías de amigo, enemigo y extraño no son fijas. ¿Cuántas veces hemos tenido un amigo o miembro de la familia que ha caído en la categoría de enemigo? ¿O un enemigo que de repente se convierte en un amigo? ¿O un extraño que se convierte en un amigo o enemigo? ¿O un amigo o enemigo que terminan como un extraño?

Es decir, nuestros sentimientos de apego, enojo y apatía hacia los amigos, enemigos y extraños, respectivamente, no son fiables. Primero, porque surgen debido a la forma en que estas personas se relacionan con mi “YO” (¡Olvídate de cómo se relacionan con los demás!) y segundo, porque estas personas pasan de una categoría a otra en nuestra mente de acuerdo con las diferentes circunstancias.

El budismo enseña otro concepto fundamental, se trata de la “ecuanimidad.” Cuando desarrollamos ecuanimidad, podemos superar nuestro apego, enojo y apatía y tener un interés genuino para todos los seres por igual.

Podemos aprender a valorar y respetar a todos, no importa si los consideramos un amigo, enemigo o extraño, porque todos nos han mostrado algún tipo de bondad si nos ponemos a pensar en ello detenidamente. De hecho, discriminar y dividir a la gente en amigos, enemigos y extraños se vuelve menos importante para nosotros. Cuando vemos que alguien a quien consideramos un enemigo también ha sido amable con nosotros, deja de parecer un enemigo tan grande y malo. Y se convierte en una persona que tiene buenas intenciones, pero cometió un error, y lo podemos perdonar.

Por supuesto, es fácil ver la bondad de los amigos, así es que no necesito decir mucho sobre eso. Pero ¿Qué pasa con los extraños? Si no fuera por la bondad de los extraños que participaron en la elaboración de todas las cosas que usamos a diario y en la creación de caminos por los que transitamos para llegar hasta nuestro hogar o trabajo. Pueden decir que estas personas estaban haciendo su trabajo para ganarse la vida. Pero nos hemos beneficiado de sus esfuerzos, y eso es un acto de bondad.

Todo lo que utilizamos y que nos mantiene vivos se debe a la bondad de muchas personas, aquí en este país o tal vez en alguno muy lejano.

Pero ¿Qué pasa con nuestros enemigos? ¿Cómo nos muestran bondad? Bueno, si somos practicantes budistas serios, entonces estamos tratando de desarrollar nuestras cualidades de amor, compasión, generosidad, paciencia, tolerancia y fortaleza. ¿Nuestros amigos o los extraños nos ayudan a alcanzar esas cualidades? No tanto. Pero nuestros enemigos sin duda ponen a prueba nuestra voluntad y nos ayudan a desarrollar esas conductas virtuosas. Así es que, sí, eso es un acto de bondad. Por lo tanto, debemos valorar a nuestros enemigos. ¿Qué tan radical les parece esta idea?

Hace poco estuve meditando en la bondad de los demás. Además de mis padres, vino a mi mente una mujer que probablemente fue la persona más bondadosa e influyente en mi vida. Ida Gartrell Peterson fue una maestra de escuela primaria que tuve la suerte de tener en el 3 º y 6 º grado. Yo era un niño desagradable con problemas de conducta. La Sra. Peterson tenía excelentes capacidades para la enseñanza, pero también era el epítome de la bondad, la compasión y la paciencia. Ella vio mi potencial real y fue capaz de alejarme de mi lado malo. Lo que fue aún más notable, era el hecho de que ella era el primer afroamericano en enseñar en toda mi escuela primaria para blancos. En la década de finales de los años 50 y principios de los 60, esto fue muy polémico y perturbador para muchos padres. Querían deshacerse de ella. Recuerdo claramente a mis padres luchando para que se quedara en la escuela. Incluso a esa temprana edad supe qué se debía hacer y estaba muy orgulloso de mi padre y madre por defender lo que era correcto.

Ida Gartrell Peterson falleció en 1999. Actualmente estoy tratando de encontrar a su familia y he escrito a la escuela primaria a la que asistí en Filadelfia, para ver si pueden ayudarme a encontrarlos. La Sra. Peterson recibió un doctorado en educación de la Universidad de Pennsylvania en 1985 y pasó el resto de su carrera docente enseñando en un colegio para negros en Atlanta. También me puse en contacto con esta universidad. Lamento no haber tratado de encontrar a esta mujer hace treinta años y le agradezco por toda su bondad y compasión. Pero por lo menos puedo intentar darle las gracias a su familia ahora.

Un día navegando por internet, encontré el sitio web de un profesor de la Universidad de Syracuse. Hablaba de un maestro en su escuela primaria en Filadelfia que tuvo un profundo impacto en su vida y para coincidencia también fue Ida Gartrell Peterson. Hace algunos años, después de que ella había muerto, hubo una reunión de algunos de sus antiguos alumnos. Es muy evidente que debe haber influido en la vida de muchos jóvenes durante su carrera. La bondad y compasión no tienen nada que ver con la raza, la etnia o la religión. Son cualidades humanas que sólo están ocultas por nuestra ignorancia.

Si no fuera por mis padres, la profesora Ida Gartrell Peterson podría haber sido mi enemiga. Podría haber sucumbido con facilidad a los prejuicios de la época. Sin embargo, debido a la apertura mental de mi padre y madre se convirtió en un amigo. Por desgracia, después de que dejé la escuela primaria, me permití que se convirtiera en un extraño. Siempre voy a lamentar haber permitido que eso sucediera.

Versión Inglés: The kindness of others

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