Activismo social

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Educación electrónica junio 2013, de Buddhism for Beginners

¿Cómo podemos prevenir el agotamiento cuando estamos trabajando para el bienestar de los demás?

Una forma es revisar constantemente nuestra motivación, renovando de continuo nuestra intención compasiva. Otra es la de evaluar lo que somos capaces de llevar a cabo y hacer compromisos realistas. A veces podemos sentirnos tan inspirados por el ideal del bodisatva, que aceptamos participar en cada proyecto que se nos presenta, aunque nos falte el tiempo o la capacidad para completarlo. Como resultado de un exceso de compromisos, podemos presionarnos hasta el punto del agotamiento o de agraviar a las personas que cuentan con nuestra ayuda. Debemos estudiar la situación y nuestras capacidades detenidamente antes de comprometernos, y aceptar sólo aquellas responsabilidades que podemos llevar a cabo.

Además, hay que recordar que las dificultades y la insatisfacción son la naturaleza de la existencia cíclica. La prevención de los residuos nucleares, oponerse a la opresión, detener la destrucción de los bosques tropicales y ayudar a las personas sin hogar son proyectos nobles. Sin embargo, aunque todos estos objetivos se lograran, los males del mundo seguirían sin resolverse.

La principal fuente de sufrimiento está en la mente. Mientras la ignorancia, el apego y el enojo estén presentes en la mente de la gente, no habrá paz duradera en la Tierra. Por lo tanto, esperar que nuestro trabajo de asistencia social se desarrolle sin problemas, apegarnos a los resultados de nuestros esfuerzos o pensar: “si tan sólo sucediera esto, el problema se resolvería”, provocará que nos desilusionemos cuando nuestras aspiraciones no se realicen. Tenemos que recordar que en la existencia cíclica hay mejores y peores estados, pero todos son temporales y no conducen a la libertad definitiva.

Si somos realistas, podemos trabajar en el mundo sin la expectativa de lograr un paraíso terrenal. Y también podemos seguir nuestra práctica espiritual, sabiendo que en última instancia conducirá a la cesación de nuestro sufrimiento y el de los demás.

¿Hay que seguir tratando de ayudar a las personas que no aceptan nuestra ayuda?

Cada situación debe ser examinada individualmente. En primer lugar, debemos revisar nuestra motivación para ayudar a los demás. ¿Se debe a que creemos que sabemos lo que es mejor para “esta pobre persona que no puede poner en orden su vida?” ¿Es porque queremos sentir que somos necesarios? Si tenemos ese tipo de actitudes, es probable que tratemos de imponer nuestros consejos a los demás, lo que provocará que ellos retrocedan.

También debemos examinar si hemos actuado con habilidad, o si nuestra ayuda ha minado el sentido de autoestima de los demás. Al tratar de ayudar, ¿hicimos que los demás se sintieran humillados? ¿tratamos de corregir el problema con la solución que consideramos mejor para ellos sin consultarlos? En estos casos, nuestra motivación pudo haber sido contaminada por el egoísmo, a pesar de que creamos que estamos actuando en beneficio de los demás.

En ocasiones hemos actuado de buena fe y con habilidad, pero los demás son poco receptivos o incluso hostiles hacia nuestros esfuerzos. En esa situación, deberíamos frenar la ayuda activa, pero mantener la puerta de comunicación abierta para que si cambian más tarde, se sientan cómodos de ponerse en contacto con nosotros. Apartarnos de situaciones en las que hemos intentado ayudar sin éxito, zapateando y quejándonos: “¡Mira todo lo que he hecho por ti y no lo aprecias!”, incrementa la animadversión de los demás, evitando que busquen nuestra ayuda en el futuro. Algunas veces la aceptación, paciencia e inacción son las formas más efectivas en las que podemos ser de ayuda.

¿A los budistas les preocupa el medioambiente?

¡Tiene que preocuparles! Desafortunadamente muchas personas carecen de educación sobre este tema. Aun cuando las cuestiones ambientales aparecen en los titulares, algunos budistas no ponen en práctica métodos de conservación, como el reciclaje, para proteger el medio ambiente. Cuidar la forma como nos deshacemos de nuestras latas, envases, botellas y papel ¡forma parte de la práctica de la atención plena en nuestros hogares! La compasión y el interés por los demás nos deben motivar a minimizar el uso de materiales desechables, no reciclables en los templos y centros de Darma y a reciclar los materiales que podamos.

Un número significativo de budistas occidentales y asiáticos están preocupados por el medioambiente y están involucrados en proyectos comprometidos con la sociedad. El Buddhist Peace Fellowship (PO Box 3470, Berkeley CA 94703) es sobresaliente en este tema y puede proporcionar listas de lecturas, direcciones de organizaciones budistas socialmente comprometidas en todo el mundo y los números atrasados de su excelente revista. The Path of Compassion, editado por Fred Eppsteiner y publicado por Parallax Press, proporciona una perspectiva budista sobre el compromiso social.

¿El budismo proporciona directrices para la protección del medioambiente?

Sí. La interdependencia, la protección de la vida y la bondad amorosa son tres de las enseñanzas más importantes del Buda. La interdependencia se refiere a la interrelación de los fenómenos. En este caso, los seres sintientes y el medio ambiente dependen uno del otro para sobrevivir y, por lo tanto, debe ser del interés de los seres humanos proteger el medio ambiente. Tradicionalmente, los budistas defienden la no violencia y la protección de la vida. Porque los seres humanos, animales e insectos son formas de vida, el budismo aboga por la preservación de las especies en peligro de extinción. Además, como una expresión de bondad amorosa hacia nosotros, las generaciones futuras y todos los seres, el budismo hace hincapié en la protección no sólo de la tierra de la que todos dependemos, sino también de la protección de toda la vida sensible que hay en ella.

El apego es una de las principales causas de la explotación del medioambiente por parte de la humanidad. El deseo de más y mejor nos lleva a tomar todo lo que podemos de la tierra y a hacer caso omiso de las consecuencias de esto a largo plazo. Si disminuimos nuestro apego a través del desarrollo de la satisfacción con lo que tenemos, vamos a ser capaces de vivir más en armonía con nuestro medioambiente y los demás seres que lo comparten con nosotros.

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