El dharma en el trabajo

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Me gustaría hacer una votación. ¿Alcen la mano aquellas personas que trabajan actualmente o han trabajado en el pasado? Entre ustedes amigos, ¿cuántos son felices y aman su trabajo todos los días y nunca han experimentado enojo, estrés, ansiedad, frustración o irritación en el trabajo?

Soy oftalmólogo. Terminé mi residencia en 1979 y he estado tratando enfermedades de los ojos durante los últimos 35 años. Podrían pensar, el debe amar su trabajo todos los días. Después de todo, lo que hago es salvar la vista de las personas, uno de los dones más preciosos que la vida nos ha dado. Pues bien, los primeros años habría estado de acuerdo con ustedes. Mis días felices superaron con creces mis días tristes. Pero gradualmente, a medida que pasaban los años, las cosas empezaron a cambiar. La actitud egocéntrica, que es nuestra ruina, comenzó a levantar su fea cabeza. Cada vez que una nueva norma o reglamento aparecía por cuenta de las compañías de seguros o el gobierno, lo veía como un ataque personal contra mí y mi capacidad para ejercer la medicina de la manera que quería hacerlo. En otras palabras, las Cuatro Verdades Nobles sobre el sufrimiento. No conseguía lo que quería cuando lo quería. Otras personas estaban interfiriendo con mi felicidad.

 Un hombre trabajando en una oficina, frente a una ventana.

¿Cuántas personas están felices y aman su labor diaria y nunca han experimentado enojo, estrés, ansiedad, frustración o irritación en el trabajo? (Foto por Eke Miedaner)

La otra cosa que sucedió fue que mi motivación comenzó a cambiar. Aunque seguía cuidando de mis pacientes adecuadamente, poco a poco me estaba preocupando más por mis finanzas y los placeres sensoriales que podían comprar, así como por los elogios y la reputación que vienen con ser un médico. ¿Suena esto como los ocho intereses mundanos? A medida que estas preocupaciones se volvían más importantes, el cociente de felicidad en el trabajo disminuía cada vez más. De repente, el estrés, la ansiedad, la frustración y la irritación estaban sustituyendo la satisfacción y la alegría en el trabajo. Yo estaba culpando a otros por mi mala actitud e infelicidad.

En julio pasado me dieron una licencia médica prolongada y por lo que planee retirarme a finales del año. Durante mi licencia médica me sentía muy feliz de estar lejos de la oficina. El Dharma era algo nuevo para mí y este me dio la oportunidad de leer mucho sobre budismo. Por primera vez en mi vida he tenido tiempo y la oportunidad de estudiar, pensar, reflexionar y meditar sobre las enseñanzas y muchas cosas. Empecé a darme cuenta de que mi mala actitud en el trabajo no se debe a las compañías de seguros, el gobierno u otras personas. Estaba apegado a tener las cosas a mi manera y odiaba el cambio, la impermanencia y la falta de control. Y poco a poco me fui dando cuenta de que no era el centro del universo. ¿No funcionamos todos como si fuéramos el centro del universo?

Esta primavera recibí una llamada de mi clínica. Se habían quedado escasos de personal y me pidieron que volviera a trabajar medio tiempo. Al principio mi intención fue decir que no. Pero luego me di cuenta de que el Dharma no es sólo un ejercicio intelectual y teórico, está hecho para ser usado. Si he de progresar en mi práctica budista, necesito volver a aquellas situaciones que me produjeron dukkha en el pasado y empezar a recablear mi cerebro y cambiar mis actitudes y comportamientos. Y qué mejor lugar para hacerlo que el trabajo. Empecé a trabajar otra vez el 1 de abril con una nueva actitud y una mejor motivación y ya estoy viendo una diferencia en mi nivel de felicidad. El mundo exterior no puede darnos la felicidad. Sólo nosotros podemos hacerlo a través de nuestra mente y entendimiento de la realidad. Es nuestro falso sentido del yo, y los apegos y aversiones que eso produce, la causa de todas nuestras aflicciones y sufrimiento mental.

Hace poco leí un libro llamado Awake at Work [Despierta en el trabajo], de Michael Carroll. Les recomiendo ampliamente este libro a todos los que no están contentos en el trabajo. En el capítulo 22 habla de las “Seis confusiones”. Dice que tenemos varias formas de encerrarnos en nosotros mismos dentro del trabajo. Nos aferramos a la seguridad en un mundo que cambia constantemente y no ofrece garantías. Tratamos de protegernos de las dificultades de la vida cuando la realidad terminamos encarcelándonos a nosotros mismos en ellas. Las “seis confusiones”, en realidad son seis estilos o modos de pensar que describen la forma en que nos recluimos dentro de nosotros mismos en el trabajo.

  1. El trabajo como una pesada carga. No queremos nada fuera de lo normal o nuevo. Preferimos que nuestra vida sea manejable y predecible. Creemos que el trabajo es un impedimento para vivir la vida en lugar de una oportunidad para hacerlo. Separamos los medios de subsistencia del resto de nuestra vida

  2. El trabajo como una guerra. Se trata de una mentalidad de ganar-perder. Los medios de subsistencia sólo tienen sentido si ganamos. Todo lo que tiene que ver con el trabajo es el enemigo. Cada uno de nuestros actos se centra en eliminar cualquier posibilidad de fracaso y asegurar el éxito. Debemos proteger nuestra percepción de nosotros mismos como individuos a toda costa.

  3. El trabajo como una adicción. Estamos obsesionados con la superación de un sentimiento de inadecuación. Parece que nunca hacemos lo suficiente. Somos perfeccionistas y nos ponemos nerviosos por la incompetencia de los demás. Nuestro deseo de alabanza y reconocimiento es como una cubeta con un agujero en el fondo.

  4. El trabajo como un entretenimiento. Echamos un vistazo a nuestro alrededor en el trabajo y vemos que los demás se ven bien, ríen y la pasan de maravilla, entonces sospechamos que hemos perdido el tren. Otros están recibiendo promociones y parecen tener dominio sobre el mundo del trabajo. Se apoderan de nosotros la envidia y los celos. Vemos el trabajo como una fuente de diversión y entretenimiento en la que de alguna forma no estamos participando

  5. El trabajo como un inconveniente. La necesidad de ganarse la vida es un desafortunado accidente de la naturaleza. Tenemos derecho a una vida que fluye sin problemas. Tener que ganar un sueldo nos mantiene alejados de nuestra verdadera vocación como un artista o poeta famoso. Somos víctimas del trabajo y siempre estamos comparando nuestro destino y posición con el de los demás. Tenemos derecho a mucho más.

  6. El trabajo como un problema. Tenemos que conseguir que el trabajo se comporte y deje de ser tan impredecible y rebelde. Si todo el mundo tan solo me escuchara podría solucionar todos los conflictos, errores de juicio y equivocaciones. El trabajo no tiene por qué ser tan complicado.

Creo que durante mi carrera me veo a mí mismo en todas estas seis confusiones. De hecho, algunos días he experimentado las seis. Lo que el Dharma me está enseñando es que el problema soy yo, no el trabajo. Es nuestra mente que nos aprisiona en el trabajo y en todas las actividades de la vida. Y es sólo a través del Buda, el Dharma y la Sangha que podemos ver la realidad y liberar a nuestra mente de este ciclo de sufrimiento.

Han pasado 2 meses y medio desde que regresé a trabajar. El budismo me ha ayudado a reprogramar mi mente de manera que me estoy centrando menos en el yo y más en ser de beneficio para mis pacientes, personal y colegas médicos. Esto ha dado como resultado mucho menos dukkha y mucha más felicidad en el trabajo.

Gracias.

Ken Mondal

Versión Inglés: Work

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