El valor de la comunidad monástica

Educación electrónica noviembre 2015, de Buddhism: One Teacher, Many Traditions

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  • En la tradición sánscrita, la Joya de la Sangha en la que tomamos refugio, puede ser cualquier persona, monástica o laica, que ha realizado directamente la vacuidad. Sangha también se refiere a una comunidad de al menos cuatro monásticos completamente ordenados. La sangha monástica representa a la Joya de la Sangha, aunque no todos los que son monásticos han realizado directamente la vacuidad. Para ser una sangha en pleno funcionamiento, se deben hacer las tres prácticas monásticas principales: la confesión quincenal, el retiro de la temporada de lluvias y la invitación para recibir retroalimentación.

    El Buda también habló de la “asamblea cuádruple” (catuparisā, caturparṣadāh), es decir, la comunidad extendida de sus seguidores compuesta por monjes y monjas con ordenación completa y por laicos y laicas que han tomado refugio y los cinco preceptos. Llamar “sangha” a un grupo de seguidores laicos en un centro de Dharma es confuso, especialmente si la gente piensa equivocadamente que este grupo es la Joya de la Sangha que es un objeto de refugio. Por esta razón, el uso de la palabra sangha en el sentido tradicional, para referirse a la comunidad monástica, es más claro y evita malentendidos.

    La razón por la que la sangha ha sido importante, respetada y valorada a lo largo de la historia, es que sus miembros practican el entrenamiento superior de la conducta ética a través de la toma y observación de los preceptos bhiksu y bhiksuni (monjes y monjas con ordenación completa). Debido a que los miembros de la sangha tienen un estilo de vida sencillo y están libres de preocupaciones familiares y de la necesidad de trabajar para proveer a una familia, tienen más tiempo para el estudio y la práctica del Dharma. Por ello, la sangha ha sido la principal responsable de la preservación de las enseñanzas del Buda a lo largo de los milenios, memorizando, estudiando, contemplando y meditando en ellas, así como enseñándolas a los demás.

    Los practicantes laicos también pueden hacer esto; sin embargo, la casa de una familia laica cumple una función diferente a la de un monasterio. Los monasterios fungen como lugares físicos para la práctica de tiempo completo y la preservación de las enseñanzas. Cuando la gente piensa en monásticos viviendo juntos con el propósito de estudiar y practicar el Dharma, se sienten inspirados. Tienen un sentido de optimismo y esperanza y sienten el deseo de ir al monasterio, templo o centro de Dharma para practicar junto con la sangha.

    Es importante mantener viva la doctrina para las generaciones futuras. La doctrina transmitida se mantiene cuando las personas estudian y explican el Budadharma. La doctrina realizada se mantiene cuando las personas practican y logran alcanzar el significado de esas enseñanzas en su propia mente. En este sentido, la sangha es importante, porque practica mucho y obtienen el logro del entrenamiento superior de la conducta ética, que es la base para el cultivo de la concentración y la sabiduría.

    De acuerdo con las Escrituras, que la doctrina budista florezca en un lugar está determinado por la presencia de la asamblea cuádruple, lo que convierte a ese lugar en una “tierra central.” La existencia de la comunidad monástica practicando el vinaya, específicamente llevando a cabo la práctica de las tres principales prácticas monásticas, es crucial para hacer que el budismo sea una tradición viva en una sociedad. Aunque una persona puede practicar bien y ser muy realizada, esto no constituye el florecimiento de la doctrina en un lugar.

    Un interés estable por convertirse en un monástico se desarrolla naturalmente como consecuencia de una profunda reflexión en las enseñanzas budistas básicas. Como resultado de contemplar la compasión y el surgimiento dependiente, uno se interesa en la naturaleza de la mente, lo que conduce a una apreciación de la vacuidad, el renacimiento y el karma. Esto lleva a la comprensión de la posibilidad de alcanzar la liberación. Cuando uno está convencido de esta posibilidad, naturalmente se sentirá atraído por vivir una vida que esté de acuerdo con los preceptos éticos, lo que podría conducir a tomar la ordenación monástica. El Buda explicó cuál es la motivación adecuada para ordenarse (MN 29: 2):

    Algunos miembros del clan se van a consecuencia de la fe, dejan la vida familiar por una vida sin hogar pensando: “Soy una víctima del nacimiento, la vejez y la muerte, de la tristeza, llanto, dolor, pena y desesperación. Soy una víctima de dukkha, una presa de dukkha. Sin duda debe haber un final para toda esta aglomeración de dukkha”.

    El Buda estableció la comunidad monástica con un propósito. Para superar las aflicciones, necesitamos sabiduría correcta, y para mantener esa visión, es esencial la unipuntualidad de la mente. Para concentrarse, se requieren atención plena y conciencia introspectiva, y éstas se cultivan a través del entrenamiento en la conducta ética. La conducta ética de los monásticos es más estricta que la de los seguidores laicos y por ello es más eficaz para domar a la mente. Mientras que una vida hogareña puede ser más colorida, la vida monástica es más estable. Aunque es difícil y requiere renunciar a las relaciones sexuales, etc., hay beneficios incluso en esta misma vida. La vida monástica es elogiada porque tiene relevancia directa en el desarrollo de los tres entrenamientos superiores.

    Este último punto es importante, para las personas que piensan que la vida monástica es obsoleta o irrelevante en los tiempos modernos. Nuestro Maestro Buda Sakyamuni era un monje. El Buda vivió como monje desde que abandonó el palacio hasta su muerte, más de cincuenta años. Su restricción ética y estilo de vida monástico eran expresiones naturales de la pureza de su mente. Y muchos grandes maestros budistas también vivieron de esta manera, y los ejemplos de sus vidas nos transmiten la importancia y el beneficio de la vida monástica.

    Sin embargo, la vida monástica no es apropiada para todos. La gente tiene que elegir el estilo de vida más adecuado para sí mismo y tener confianza en su capacidad para practicar. Un practicante laico que practica con diligencia puede alcanzar realizaciones elevadas. Marpa y su discípulo Milarepa fueron practicantes laicos, yoguis y maestros con realizaciones muy elevadas.

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