Convertirse en un estudiante calificado

Educación electrónica septiembre 2015, de How to Free Your Mind: The Practice of Tara the Liberator

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  • ¿Cómo llegamos a ser un discípulo calificado? Una cualidad que hay que desarrollar es la mente abierta. En otras palabras, nos desprendemos de nuestra propia agenda rígida y acelerada, de nuestros gustos y disgustos, y de nuestras opiniones erróneas sobre la naturaleza de la realidad o de las etapas del camino.

    Si asistimos a alguna enseñanza y nos seguimos aferrando fuertemente a nuestras ideas preconcebidas sobre el camino, vamos a evaluar a los maestros en función de si están o no de acuerdo con nuestras ideas. ¿Ese es un criterio válido para elegir a un maestro? Una actitud así evita que aprendamos porque seguimos aferrados a lo que creemos y sólo aceptamos lo que valida nuestras propias opiniones. En ese caso, no somos receptivos a las enseñanzas del Iluminado. Para aprender, debemos dejar de lado nuestros prejuicios, tener la mente abierta y escuchar con una mente fresca.

    La segunda cualidad de un excelente discípulo es la inteligencia. Esto no se refiere al coeficiente intelectual de una persona, porque las personas con elevado coeficiente intelectual pueden ser torpes cuando se trata de entender el Dharma. Inteligencia significa la voluntad de investigar las enseñanzas y reflexionar en ellas. No nos limitamos a aceptar las cosas por su valor nominal, “Sí, el maestro lo dijo, por lo tanto, es la verdad”. Por el contrario, pensamos en las cosas, las examinamos usando la razón, y las ponemos en práctica en nuestras propias experiencias. Un discípulo con esta cualidad está dispuesto a hacer el trabajo de investigar profundamente el significado de las enseñanzas.

    La tercera cualidad es la seriedad o sinceridad, es decir, una motivación pura. Es difícil tener una motivación pura al principio de nuestra práctica. Se necesita tiempo para desarrollarla; empezamos con la seriedad, sinceridad y un genuino anhelo espiritual que tenemos ahora, y luego construimos sobre ellos.

    Algunas personas automáticamente piensan que tienen una motivación pura y son inteligentes y de mente abierta. ¿Cómo podemos ser un buen discípulo espiritual si pensamos que ya lo somos? Eso es arrogancia. Por otra parte, no nos vayamos al otro extremo de la baja autoestima: ” Soy totalmente incompetente. Estoy perdido. No puedo aprender nada”. Eso también es ridículo. Vamos a tratar de tener una apreciación realista de nosotros mismos que nos permita ser humildes y tener confianza. “He desarrollado algunas cualidades, y hay un largo camino por recorrer”. La humildad se basa en la autoconfianza, pero nos deja abiertos al aprendizaje, mientras que la arrogancia cierra la puerta al aprendizaje.

    Llegamos al Dharma con una amplia variedad de motivaciones. No empezamos con la bodhichitta, ¿verdad? ¿Cuántos de nosotros tenemos una bodhichitta real y espontánea? Tal vez ustedes; yo no. Para mí es bastante difícil generar una bodhichitta fabricada con esfuerzo, que es el tipo que desarrollamos cuando conscientemente cultivamos nuestra motivación. Tenemos que ser honestos y reconocer nuestras motivaciones egoístas. Esta honestidad es un signo de integridad en nuestra práctica espiritual; nos permite desarrollar cualidades cada vez mejores.

    Es importante observar con atención y cultivar continuamente nuestra motivación, porque después de un tiempo, se puedan colar algunas motivaciones furtivas. “Quiero aprender Dharma para que pueda enseñar a otros”. Esto podría traducirse en: “…así voy a tener una buena posición en el grupo y la gente me va a apreciar y respetar”. Tenemos que revisar nuestras motivaciones para querer enseñar el Dharma. “Voy a aprender Dharma para que pueda escribir cosas y así la gente va a pensar que estoy bien informado y soy espiritual. Voy a aprender Dharma para que pueda estar cerca de mis maestros, y luego ellos van a satisfacer mis necesidades emocionales”. Diversas motivaciones equivocadas pueden colarse fácilmente.

    Podemos ser sinceros acerca de lo que está pasando en nuestra mente sin caer en la baja autoestima y el odio a nosotros mismos. Seamos honestos, hasta que nos convirtamos en Budas, siempre habrá maneras de crecer. Esa humildad nos mantiene abiertos. Su Santidad el Dalai Lama es un ejemplo de humildad, y sin duda está más avanzado en el camino de lo que nosotros estamos. Así es que, si alguien más avanzado que nosotros puede admitir con humildad: “no entiendo plenamente los grandes textos”, ¿no deberíamos también tener un poco de humildad? ¡No hay nada de malo en no saberlo todo!

    Recuerdo que a mediados de los años setenta, cuando las personas estaban aprendiendo budismo tibetano, solían solicitarle a Lama Yeshe iniciaciones del tantra del yoga más elevado. El Lama los mandaba a otra parte diciendo: “Vayan a meditar en el Lamrim y en la transformación mental. Aprendan a ser amables unos con otros primero”.

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