Capturando al ladrón de nuestra felicidad

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Educación electrónica diciembre 2014, de Corazón Abierto, Mente Lúcida

Reconociendo las actitudes perturbadoras

Con el fin de reconocer las actitudes perturbadoras cuando arteramente aparecen en nuestra mente, necesitamos de la atención plena y la alerta introspectiva. Una vez que hemos tomado la decisión de actuar, hablar y pensar de manera beneficiosa, la atención plena nos impide distraernos. La alerta introspectiva nos hace conscientes de lo que estamos haciendo, diciendo y pensando, y si nota una actitud perturbadora, nos alerta del peligro. La tradición Kadampa budista del Tíbet recomienda:

Cuando estés solo, cuida tu mente.
Cuando estés con otras personas, cuida lo que dices.

Debido a que nuestra vida siempre es muy atareada, a menudo no somos conscientes de lo que pasa en nuestro interior. Estamos preocupados por ir de aquí para allá, haciendo esto y planeando aquello. Después de un tiempo, sentimos que no nos conocemos muy bien, dado que nuestra atención siempre se dirige hacia el exterior. Para remediar esto, es importante tener un poco de “tiempo en silencio” cada día -tiempo para relajarse y estar solo. Podemos leer un poco de literatura útil o simplemente sentarnos y reflexionar. Es bueno revisar lo que ha sucedido cada día: lo que hicimos y por qué, lo que los demás decían y hacían y cómo reaccionamos, lo que pensamos y sentimos que se expresó y no fue expresado.

Este tiempo de silencio nos da la oportunidad de “digerir” lo que vivimos, de estar conscientes de lo que pensamos y sentimos. Podemos observar que fuimos empáticos con la dificultad de alguien; podemos descubrir que no nos enojamos en una situación que por lo general nos molesta. Veremos avances en nuestro cultivo de estados mentales positivos y nos alegraremos y felicitaremos, ¡sin sentirnos orgullosos por supuesto!

Por otro lado, podemos notar una sensación incómoda y preguntarnos: “¿Estaba enojado en ese momento? ¿Estaba celoso? ¿Apegado? ¿Orgulloso? ¿Con una mente cerrada?” Si somos honestos con nosotros mismos, vamos a estar dispuestos a admitir cuándo tuvimos actitudes poco realistas o perjudiciales. No hay necesidad de juzgarnos por tenerlas. Ellas simplemente están ahí. Somos seres ordinarios, por lo que las emociones destructivas a veces surgen de manera natural. No hay razón para sentirse culpable por ellas, ni deberíamos ignorarlas.

Para resolver estas emociones incómodas podemos practicar las técnicas explicadas en los capítulos anteriores (de Corazón Abierto, Mente Lúcida). Por ejemplo, podemos darnos cuenta de que nuestra interpretación de una situación fue estrecha, lo que provocó que nos enojáramos. Lo vamos a examinar más de cerca y así podremos señalar con precisión la falsedad de esa proyección. Entonces trataremos de ver la situación desde un punto de vista más realista y bondadoso. De esta manera dejamos de lado la emoción incómoda. Después, podemos tomar la determinación de estar más atentos en el futuro, de manera que no actuemos física o verbalmente de acuerdo con esas actitudes perturbadoras.

A lo largo de un período tiempo, notaremos que una de las actitudes perturbadoras se presenta con mayor frecuencia en nosotros que las demás. De ésta debemos ser especialmente conscientes en nuestra vida cotidiana. Durante nuestro tiempo en silencio cada día, podemos entrenarnos gradualmente para tener una perspectiva más abierta y compasiva. En consecuencia, nuestros puntos de vista beneficiosos se volverán más habituales y las situaciones comenzarán a aparecer de manera diferente ante nosotros. Entonces, cuando se presenten eventos similares a lo largo del día, tendremos una mejor oportunidad de atrapar las falsas proyecciones y las actitudes perturbadoras antes de que nos dominen.

Al liberarnos gradualmente de las concepciones erróneas y transformar nuestra actitud mental, vamos a disfrutar de la vida mucho más y a ser de mayor beneficio para los demás. De esta manera, nuestra vida se vuelve muy significativa.

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