Tres virtudes entrelazadas

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Julia Hayes comparte con nosotros cómo reconfortó a su hija, que padecía de cáncer, con honestidad, integridad y valentía.

Estaba en nuestra biblioteca en la computadora tratando de escribir algunas palabras de reconocimiento sobre la brutal muerte lenta de un niño de 7 años de edad que conocía. Palabras que no iban más allá de las usuales, “No me puedo imaginar. No sé qué decir. Te voy a mantener en mis pensamientos y oraciones. Es tan injusto.”

Durante meses estuve escribiendo sobre la muerte, la cual había estado muy presente en la vida de algunos amigos, de modo que era inevitable que no se extendiera a la mía. Mis hijos constantemente me preguntaban por mi pequeño amigo, querían ver las fotos de él que sus padres habían publicado en facebook. Querían hablar sobre la muerte. En especial Aria sabía que pudo haber muerto por su cáncer, y que a muchos niños les pasa. Pero ella ya no estaba en tratamiento y estaba en camino de curarse, así que la muerte, afortunadamente, empezaba a desvanecerse un poco a poco. O eso creía yo.

Mi concentración se vio interrumpida de repente cuando Aria entró en la habitación sollozando.

“¡Mamá!Me duele la cabeza! ¿Significa que mi cáncer ha vuelto? ¿Tengo que tomar las píldoras amarillas otra vez? ¿Voy a morir?”

Tomé una respiración profunda y consciente y dije, “Aria. Te quiero. Recupera el aliento y luego vamos a hablar de esto.”

Ahora bien, debo decir que es muy tentador reaccionar con miedo, cosa que he hecho a menudo. En esta situación particularmente aterradora, la inclinación natural es de querer desvanecer la crisis, ofrecer comodidad y promover una actitud positiva. Normalmente la respuesta es algo como, “Cariño tienes un dolor de cabeza. No, el cáncer no ha vuelto. Nunca vas a tener que tomar esas horribles píldoras amarillas otra vez y no, no te vas a morir.”

Pero si se examina con detenimiento la situación, nada de eso es verdad. Aria estaba realmente asustada y tenía razón de estarlo, pero no me estaba pidiendo que le diera el consuelo que podía darle un animal de peluche. Quería saber la verdad. Me hablaba desde un lugar que conoce la edad real de su conciencia.

Las manos de un hijo y un padre tocándose.

Los retos son una oportunidad para enseñar honestidad, integridad y valor.

Tomamos 3 respiraciones profundas y la puse justo enfrente de mí, de modo que pudiéramos vernos a los ojos. Le dije, “Lamento que te duela la cabeza. Eso es aterrador para alguien que acaba de terminar la quimioterapia, porque a veces eso significa que el cáncer regresó. Así que me alegra que me lo hayas dicho y te vamos a estar observando con mucho cuidado.”

Lloró abiertamente ante esta verdad y la dejé que lo hiciera mientras yo contenía mis lágrimas. Le pregunté, “¿Estás lista para más?” Ella asintió con la cabeza.

Le dije suavemente pero con firmeza, “Vamos a volver al momento presente. Este momento. Tu-yo-aquí. Vamos a hablar de tu cáncer en este momento. Ahora mismo no sabemos si el cáncer ha regresado. Es dudoso, dados todos los tratamientos por los que has pasado, pero nada está prometido o garantizado. Sin embargo, en este momento,y por lo que sabemos, no tienes cáncer, por lo que no es necesario que tomes las píldoras amarillas.”

Sonrió y luego dijo, “¿Pero voy a morir?”

Sonreí y dije, “¡SÍ! Por supuesto. Algún día. Cuando sea tu momento. Pero ahora estás viva, así que me parece que tu hora de morir no es ahora.”

Se acercó más a mí y dijo, “Mamá es muy triste que Max se vaya a morir. Tiene mi edad.”

“Lo sé cariño. Es triste. Pero vamos a honrarlo al hacer lo mejor con nuestras vidas.”

Me tomé un momento y me di cuenta de que estábamos tomadas de la mano. Me di cuenta de que “la honestidad” estaba fluyendo a través de nuestras manos derechas y “la integridad” fluía a través de las izquierdas. En ese momento, nos envolvíamos una a la otra en estas virtudes y juntas creamos “el valor.”

Versión Inglés: Three virtues entwined

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